viernes, septiembre 13

Basurero emocional

Estos días han sido extraños, me he sentido extraña, acongojada, perdida. 

Como un torbellino las emociones se amontonan, se atoran en la garganta, dan paso a las lágrimas que cruelmente las reprimo porque hay que terminar el día, porque es necesario mantener la calma, porque es necesario mantener la postura de que todo irá bien... 

Los días pasan como un rayo, tan fugaz, tan rápido que no me alcanza el tiempo para poder darme un respiro, para poder pensar en mi, en lo que pasa en mi interior, en lo que sucede a mi alrededor. Cada día es más rápido que el anterior, cada día es más complejo y con más carga, y la congoja crece junto con las responsabilidades.

Se que lo que escribo hoy es una especie de basurero emocional pero me importa poco y nada, se que nadie lee este blog y que no es interés de nadie el cómo me sienta, por lo menos me sirve de pseudo terapia hasta que esté en condiciones de escribir algo más digno de mis antiguos relatos.

Ayer me di un respiro, uno un poco forzado porque me cancelaron una salida y después de sentirme mal por la cancelación decidí que necesitaba escucharme, necesitaba un tiempo a solas conmigo misma y fue eso lo que hice. 

Compre un café, subí a la terraza del edificio donde vive mi amiga, escuche música y mientras el sonido salía por los audífonos las emociones comenzaron a aflorar, y dejé que salieran todas una a una. 

Vi como la frustración gruñia por todas las cosas que no ha logrado cumplir, como la rabia hervía de ira por todas las cosas que de una u otra forma han colmado a la paciencia, la felicidad estaba pequeña y tratando de saltar por sobre el resto y claramente no podía. La angustia fue la más fuerte, llevaba guardadas muchas cosas y se veía agotada, así que tímidamente me acerqué y la abracé fuertemente, dejó escapar un suspiro dando paso a unas lágrimas que silenciosas caían sobre el rostro agobiado y cansado pero esta vez nadie las reprimio. 

Vi cómo caía la tarde, como el atardecer hacia la magia con esos colores pasteles tan bellos, los recuerdos de antiguos atardeceres más felices que ese que estaba frente a mi se asomaban pero no los quería, quería sentir lo del presente, lo que sucedía en mi interior mientras las lágrimas mojaban mi rostro. 

Quiero sentir el miedo, la angustia, las ganas incontrolables de huir. Quiero sentir cada sensación, cada emoción, cada sentimiento como si no hubiese mañana para sentir nada, como si fuera el último aliento de vida que tengo. Quiero sentir, quiero sentirme viva como hace tanto no me siento, quiero vibrar con el día, quiero temblar con un beso, con una caricia; quiero volver a amar de la forma más loca que conozco y también de la forma que no conozco. Quiero sorprenderme con las cosas más simples, saltar de alegría o temblar por la frustración. Quiero sentir el fracaso y el éxito... en palabras simples, ¡¡¡¡quiero vivir!!!!

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